La Foquita que nada

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La directora de una escuela con quien trabajé un proyecto el año pasado, me invitó para que le platicara a sus alumnos mi experiencia del Canal de La Mancha.

Me gusta compartir esto con niños porque siempre se asombran y disfrutan la aventura.

Puntualisisisisma llegué a la escuela, toqué el timbre y cuando entré me dí cuenta que todos los niños estaban en el patio, en recreo y de inmediato me sorprendió el silencio. Los niños corrían de un lado a otro y jugaban. Fueron unos segundos antes de que me recibiera la directora, me saludó con un abrazo y de inmediato empezó a usar sus manos. Me explicó que todos, absolutamente todos los niños y todas las maestras menos ella y su asistente eran sordos profundos!

Me presentó a algunas maestras y al grupo de sexto año y me pidió ir pasando a un salón donde ya estaban los demás niños. Al entrar, saludé a los niños con la mano y sonreí y en ese momento, se cayó al suelo un estuche de útiles lleno de lápices y tijeras, lleno de cosas y la única que se sobresaltó por el ruidero que provocó el golpe fui yo.

La directora me pidió que hablara despacio para que la traductora me pudiera seguir bien y así lo hice, comencé a platicar mi aventura de nadar el Canal de La Mancha y todos los niños me miraban y cada vez que decía algo que los impresionaba abrían los ojos enormes y hacían caras de asombro. Cuando terminé, no hubo aplausos…pero muchas manitas levantadas moviéndose de un lado a otro y muchas sonrísas, incluyendo la mía cuando la traductora me dijo que los niños dijeron que mi seña para identificarme sería ….. ¡la que nada como foquita!

Al final una maestra me preguntó si me podía abraza, le dije que ¡por supuesto!

Me dijo que los niños habían estado felices, que nunca había ido a la escuela alguien como yo…me queda claro…una que nada como foquita…pues no!

Al salir de la escuela, se me llenaron los ojos de lágrimas y regresé al ruido normal.

Mariel

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