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Una nueva etapa de vida…

Cuando escuché la alarma de mi reloj para despertarme, estaba dormida tan profundamente que no sabía dónde estaba y sentía que no podía salir del sueño…. abrí los ojos y todo estaba negro y yo, aún confundida de por qué tenía que despertarme a las dos de la mañana, podré quitar la alarma y me cayó el veinte, estaba en Acapulco y en menos de una hora tenía que estar lista en Playa Honda para empezar a nadar a las 3:30 horas de la madrugada la prueba de El Reto III, 22 kilómetros. Apenas había dormido un par de horas, por quedarme platicando hasta muy tarde; quise cerrar los ojos y olvidarme del Reto y sus 22 kms y volverme a dormir, pero mi instinto fue mas fuerte y me levanté de la cama casi por instrumentos. En el baño, me lavé la cara y los dientes, me puse el traje de baño y bloqueador, tomé mi mochila que ya estaba lista y corrí al taxi que me estaba esperando para llevarme al punto de arranque.

Gela ya me estaba esperando en el coche y también con sueño pero menos que yo. Durante el trayecto, estuve callada, pensando en que las próximas siete u ocho horas estaría nadando en el mar. Pensé en todas las actividades que había tenido durante la semana y llegué a la conclusión de que la nadada me debe de gustar muchísimo para estar a esta hora de la madrugada lista para nadar. Cuando llegamos al muelle, ya estaban ahí casi todos los nadadores del Reto de 22kms, y comencé a saludarlos y desearles a cada uno un buen nado, no se si me dio tiempo de saludar a todos porque la lancha Dulce Vida se acercó al muelle y Rodrigo Cortés, su capitán me dijo, “ya vámonos, ya es hora”. Subimos a la lancha Gela y yo y navegamos unos minutos al punto de arranque en donde me eché al agua y esperé junto con los demás nadadores el silbatazo de salida… El conteo fue así: 10,9,8,7,6,5,4,3,2,1, vámonos… y empecé a nadar…

Lo que sigue, fueron siete horas y doce minutos de disfrutar y celebrar en el agua… durante el trayecto nocturno, disfruté las estrellas en el cielo y también las estrellas en el mar, el amanecer estuvo espectacular, pintando de rosa las nubes y el horizonte, a la llegada a Puerto Marqués, salí del agua conforme a la regla del evento y Dulce me recibió con palabras de aliento y de cariño, al regresar al agua, y empezar a nadar de regreso, me acordé que la salida de esta bahía requiere de mucha fuerza y determinación, ah jijo, me cansé y aún haciendo doble esfuerzo, iba disfrutando mucho, el sol empezó a brillar con todo su esplendor y extrañé la penumbra nocturna y la oscuridad en el agua. Casi llegando a Punta Bruja, para empezar a cruzar la bocana de la Bahía de Acapulco, se acercó una lancha que traía a Andrea,  Jacinta y Pablo y mientras yo sería nadando, ellos se cambiaron de lancha para acompañarme hasta que llegara a la meta. En cuanto vi a Andrea me emocioné muchísimo y eso que aún no se echaba al agua para nadar conmigo, cuando a los pocos minutos, la ví que se preparaba para nadar conmigo, los goggles se me empañaron de emoción. ¡Nadamos juntas increíble! Disfruté muchísimo nadar con mi hija; Andrea cada día nada mejor y me ilusiona pensar que más adelante en su vida le entusiasme nadar y podamos compartir muchas horas en el agua. Poco tiempo después, Gela nada un rato conmigo y al final del recorrido, disfrute de nadar sola, a mi paso, hasta llegar a la meta. En un momento, ví que se acercaba una lancha y en ella venía Nora, mi coach, y me echó porras durante todo el tiempo que me faltaba por llegar.

Al estar cerca de la meta, nuevamente Andrea se echó al agua y nadamos juntas los últimos metros hasta que salimos del agua en Playa Honda. Siete horas con doce minutos de nado que se tradujeron en un cirugía para un bebé con labio y paladar hendido.. al igual que el nado de todos los que participamos en el Reto 2016, casi 100 nadadores, así que serán 100 cirugías, 100 niños que van a poder sonreír.

¡Me encanta nadar! Este Reto 2016 lo nadé sin presión de tiempo y definitivamente lo disfruté mucho más que aquéllos retos de hace algunos años en los que me presionaba por hacer un “buen” tiempo… será que estoy entrando a una nueva etapa de mi vida… creo, sin temor a equivocarme que sí, una nueva etapa de vida en la que vienen muchos proyectos de trabajo y crecimiento, una etapa en la que los nados serán, ¡”la cereza del pastel”!