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De las personas raras…..¡que no saben darse por vencidas!

Siempre he pensado que si haces bien las cosas, todo sale bien; que si haces el bien, cosas buenas te suceden en la vida y con esto en mente he caminado muchos años de mi vida… La misma vida me ha ido demostrando, poco a poco, que no siempre funciona así, pero hoy, me lo demostró con tubo ….

Siempre he visto el lado positivo de todo lo que me ha tocado vivir, siempre tengo en mente la forma de sobreponerme a lo que se presente cada día, pero después de todo toque me sucedió hoy, mi corazón explotó y lloré lo que me faltaba por llorar desde hace ya casi un par de meses….

En medio de una situación que me llevó al límite, no solo lloré de dolor sino que lloré porque me sentí traicionada por todo lo que he pensado, lloré porque me di pena, me di vergüenza y porque efectivamente no siempre salen las cosas bien aunque uno las haga correctamente y porque por más bien que hagas en tu vida, el bien como tal, como amor, bondad, y cariño no se multiplica en la tuya, o al menos no en la forma que uno espera….y lloré porque me encontré muy cerca de darme por vencida…

Pasaron unos minutos y con el trueno que anunciaba la tormenta que cayó por mi casa, ese mismo trueno lo hizo en mi cabeza y cimbró nuevamente algo que ya sabía …aunque te caiga el rayo y te quiera partir en dos, la decisión de permitir que lo haga es tuya, y entendí que mi decisión ha sido siempre no permitir que el rayo me debilite, porque el rayo puede partir en dos un árbol entero pero no a la fé puesta en Dios.

Y justo cuando empieza a llover, suceden dos cosas que me tocan de una manera muy especial y me permiten volver a sonreír… la primera, tocan el timbre en mi casa y al abrir la puerta, una vecina me entrega unas flores  preciosas … y no se si me trajo las flores por Eduardo o por todo lo que me había pasado, pero esta demostración de cariño de una vecina que apenas he visto un par de veces, fue un abrazo para tomar aire y sonreír…la segunda, una conversación trivial con un amigo, en relación con la natación, el agua y la alberca y un comentario que me hizo atacarme de risa y entonces sí, me dí cuenta que en medio de lo ordinario de la vida, está lo extraordinario que te permite seguir adelante y caminar cada día con una sonrisa enorme.

Y termino el día con la convicción de que aunque el rayo esté destinado a partir en dos, la fé es mucho más fuerte y esto me permite descubrir, ¡que soy de esas personas raras que no saben cómo darse por vencidas!

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