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Cuando se aproxima una tormenta….

Aproveché los días de vacaciones en Isla Holbox para entrenar entre 6 y 8 kilómetros diarios para el reto Estrecho de Tsugaru que ya está a dos meses….

Casi todos los días nadaba unos cuatro o cinco kilómetros en la mañana, tempranito, tratando de estar en el mar a las 6:30 horas y en la tarde completaba la distancia para llegar a ocho kilómetros.  Uno de los días que iba a nadar en la tarde, a lo lejos se veía una nube gris, mientras del otro lado el cielo seguía azul y el sol brillando de manera espectacular. Yo esperaba que ese día, se nublara un poco la tarde para poder nadar mi segundo entrenamiento del día, sin tanto sol. El viento comenzó a soplar y esa nube gris que se veía a lo lejos ahora se veía más grande y más cerca…. mientras tanto, preparaba mi gorra y mis googles para empezar a nadar y pensé, “¡que bien, va a estar nublando!”

Al cruzar la playa caminando, escuché que alguien dijo : “se aproxima una tormenta” y al voltear hacía  mi lado izquierdo, la vi, ¡la nube más grande y gris que había visto,  la tormenta!

Antes de meterme al mar, con esa gigantesca nube frente a mi, me quedé pensando en que no todas las tormentas en la vida, vienen acompañadas de nubes cargadas de agua, a mi, me han tocado tormentas que vienen de enfermedad, de muerte, de angustia, y éstas, vienen acompañadas de tristeza, de miedo, de dolor y hacen su trabajo de tormenta… destruyen, y en ocasiones arrasan con todo…. pero también pensé, que he sorteado estas tormentas con  mucha fé y fortaleza.  La tormenta pasa, y la vida sigue con el sol brillando de manera esplendorosa…

En esta ocasión, la tormenta que se aproximaba, la iba a enfrentar nadando, contenta, disfrutando la lluvia, ahora sí que como dicen, entrenando contra viento y marea, y me metí al mar para por lo menos esperar a que empezara a llover y nadar unos minutos antes de que se desatara el aguacero y los rayos y relámpagos. El viento aumentó y al comenzar a nadar sentí que nadaba alejándome del tormentón que se aproximaba y así fue, nadé unos minutos más y al detenerme para ver si ya había empezado a llover, me percaté que llovía muy tenue, que el viento había disminuido y que esa enorme nube se había alejando para seguir su curso y provocar la tormenta a muchos kilómetros de donde yo estaba nadando.

Nade unos tres kilómetros para terminar el día con 8 kilómetros nadados, y salí del agua pensando en que, a veces las tormentas que pensamos que vienen a nosotros, se van para otro lado y a nuestra vida llega el sol. ¡Salí del agua con una sonrisa enorme!

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